Asarco, la fundidora de Morales en la memoria de los potosinos

Asarco, la fundidora de Morales en la memoria de los potosinos

Por Consuelo Araiza

La escritora Marcela Siller Gómez dio conferencia sobre la vida de los mineros de la empresa Asarco. En su presentación: “Un día en la fundición de Asarco”, la escritora se dedicó a documentar con extrabajadores quienes le platicaron sus anécdotas en la empresa American Smelting and Refining Company.

Con la compañía de la escritora e investigadora Claudia Garay y además de su narradora Coco Güell, Siller Gómez inició mostrando interesantes fotografías de cómo se componía la fundidora y sus diversas áreas además de los turnos laborales, descansos y vida de aquellos trabajadores que llegaron a laborar a altísimas temperaturas.

Ligada a la fundición de la zona de Morales, la empresa fue uno de los pilares industriales por su generación de economía más importantes del país durante el siglo XX., gracias a ello transformó el lado poniente de la capital potosina. Siller Gómez era vecina cercana y desde su adolescencia con su familia, escuchaban los pitidos de Asarco, los llamados a los obreros al descanso, a comer, las entradas y salidas. Su origen se remonta a 1890-1923, primero fue la Compañía Metalúrgica Mexicana en 1890. La llegada de ASARCO, empresa norteamericana fue organizada y controlada por la familia Guggenheim que ya tenía plantas en Matehuala y otras partes de México durante el porfiriato y fue en 1923 cuando ASARCO compró formalmente los activos de la planta potosina y quedó con el nombre formal de Compañía Minera ASARCO, S.A. Su mayor auge y éxito fue durante las décadas de 1920 a 1960.

Los trabajadores que poseía provenían de muchas partes del país y así creció la colonia Morales con escuelas y negocios. Se trataba de más de mil 300 obreros que procesaban un mil toneladas diarias de mineral. Tenía el complejo una enorme chimenea, un hito en la ingeniería metalúrgica de México. En 1965 la estructura accionaria de la minera cambió para poseer un 51% de capital mexicano, así cambió a Industrial Minera México, IMMSA, quedando como una de las principales subsidiarias de Grupo México.

Debido a que se emanaban metales pesados, comentó la conferencista que los trabajadores se protegían con un gran cubrebocas fabricado por ellos y un gran paño que les cubría la cara además de protectores para los ojos, uso de guantes. Había, plomo, arsénico y azufre. Los conflictos por su operación se dieron en 1910 y en los años setentas con juicios en el país del norte. Su cierre se generó en el año de 2005 con su disolución.

La minera producía bismuto, cobre, azufre, plata, oro, selenio, cadmio y óxido de plomo.

Asarco vivió la revolución, en 1951 se hizo la mexicanización de la minera. Siller comentó las experiencias de diversos ex trabajadores sobre ésta gran minera. “En esta fundidora se procesaba mineral proveniente de Peñoles, Zacatecas, Cerro de San Pedro y la Minera Las Cuevas entre otros más. El insumo de cobre era de 3 mil 400 toneladas que se procesaba al mes. La ponente mostró fotos de Gerardo Algara, unas, muestran las barcas de cobre que eran mandadas a Chihuahua para terminar su proceso. También Siller mostró fotos de su autoría.

“Había tres hornos de soplo, tras el proceso iban en góndolas y el material residuo lo aventaban al monte, se vaciaba la rebaba en el ‘gracero’ o también llamado ‘cerro negro’”.

Marcela Siller le dio el crédito a Salvador López quien le dio una amplia explicación de los procesos que hacían los trabajadores. Habló de Antonio Navarro Palomo quien fue trabajador eventual y hacía un trabajo de destajo “que consistía de once días, le apodaban el tozo” y que le gustó siempre trabajar de eventual. Habló de las esposas y madres de trabajadores que les llevaban el itacate o almuerzo a la empresa y al sonar el silbato, cada uno corría por su comida: “Pero a veces había algún abusivo que se robaba algún itacate porque todos los mineros andaban vestidos iguales y tapados de la cabeza y cara, no se sabía quién era quién”, dijo atenta y sonriente. Nombró el llamado Mecapal elaborado de ixtle, del que se colgaban en la espalda y cargaban hasta diez sacos de cemento para echar a las carretillas. Comentó de algún conocido trabajador apodado “el canteao”, que según, a decir de las anécdotas, murió de “aguas”, o sea de borracho. Existían pulquerías muy famosas en Morales y era costumbre visitarlas por parte de los trabajadores.

“El cobre se trituraba en vasijas y los mineros se cubrían la cara con un ungüento que le llamaban mole, que contenía vaselina con chile y los protegía de los metales en polvo, se ponían algodón en la nariz para no absorber el polvillo del metal. La ponente mostró el paliacate, el Mecapal y un casco que usaban los extrabajadores de ASARCO además del típico overol de mezclilla y botas y calcetines especiales que les proporcionaba la empresa”, comentó.

A su vez dijo Siller Gómez que en México existían en los años prodigiosos de ASARCO, un total de 17 fundiciones en el país. Al final de su interesante charla agradeció a las siguientes personas: “Juan Navarro, Vicente Guerrero, Crescencio, Asunción Espericueta y Salvador López”.