LUIS BRUNO Y YO, UNA AMISTAD
ENTRE LA POESÍA Y EL OLVIDO: CUARENTA AÑOS SIN VERTE
Por: Consuelo Araiza
Amigo, me encanta pensar en ti, aunque te fuiste hace muchos años. A menudo reflexiono de ti cada año cuando en San Luis se realiza el Festival Internacional de Danza bajo el nombre de una gran bailarina que conociste: Lila López.
Te conocí durante un festival de “Lila López”, así se le decía inicialmente en los años ochenta. Solías venir a San Luis y visitar el Teatro del Instituto Potosino de Bellas Artes al que yo solía ir cada año para leer en la biblioteca y saludar al entonces director, Gilberto Vázquez. Al pintor de las “Niñas” le deseo descanse en el cielo pues se fue de este mundo hace tiempo. Es triste recordar a las personas que se van de este mundo. Y, por ejemplo, ese tipo de dolor me quedó en la nostalgia del recuerdo justo cuando te dejé de ver hace cuarenta años.
Te visité varias veces en la Ciudad de México (antes, el Distrito Federal). Fuiste un alma compartida de emociones y poesía. Visité tu casa en la colonia Popotla donde conocí a tu hija y a tu nieto Luis Bruno (quien tenía unos bellos ojos). Yo vivía en Tacuba así que éramos casi vecinos, las colonias no quedaban muy lejos. Recuerdo que frecuentábamos el Sanborns de la Delegación Azcapotzalco. Cada vez que te veía en esa delegación, me llegaba el recuerdo de su Iglesia donde me bautizaron: la Parroquia de los Apóstoles Felipe y Santiago, hoy es Catedral; así pues, me considero una chintolola más en ese ambiente. Soy una hormiga con una edad que ya no tomo tan en serio, hay días buenos y malos.
Leo los poemas que me diste y me causan alegría y emoción. Pero me da aún tristeza cuando cojo tu pequeño libro y recito “Tres variaciones de la angustia”, un libro del cual he perdido la portada y la contraportada por el paso de los años, es desolador. Tú caminabas sin mi mano, tenías preguntas sin respuesta, pero aún están las raíces que sembraste. Tu poema, escrito con una tinta azul tan clara como el agua de mar. Tus letras nunca se soltaron de vuestra mano, van juntas unas a otras, se engendran y crecen. Aquí el Poema II que me obsequiaste:
Cabes entera en una palabra
Una palabra caja de cristal,
Caja de uvas y cerezas
Para perfumar tu carne.
Cabes en un vocablo
Joyero de cristal labrado
Y también de madera blanca…
Cabes sola con tus flores,
Con tus sonrisas
Y tu mirada triste.
Vives en dos sonidos
De cantar de agua en lengua de un río…
Mira aquí estás entera, desnuda como una rosa
En esta voz que arrulla: AMOR.
Luis, recuerdo que también me llevabas a un Café-librería en la calle de Lafragua y en ese lugar solía ir la poetisa Guadalupe Pita Amor. Ella cargaba sus pequeños poemas en las manos y los soltaba como pájaros al azar y los leía a la persona que la elegía a cambio de unas monedas. Ella era resinosa y cordial.
Luis Bruno, hablabas mucho de danza, movías mucho las manos muy entusiasmadas, me mostrabas sus notas del Excelsior. Tenías una enorme máquina de escribir y junto a ti, una montaña de papel que me ocultaba tu rostro. Eras delgado y de estatura más bien media. Recuerdo que en la colonia Popotla, cerca de tu casa solíamos pasar y ver el famoso “Árbol de la Noche triste” y eso nos inspiraba a recordar el llanto del conquistador.
Mi amigo, lo siento, te dejé de ver cuando me fui del Distrito Federal. Mi compañero se encelaba de ti y yo me preguntaba: ¿Qué va a entender un hombre común de otro que te deleita con su poesía que plasma en el papel?
Luis Bruno, naciste en Pachuca, Hidalgo, te graduaste como cirujano dentista en 1954 y empezaste a escribir temas de ballet y danza desde 1948. Te hiciste un gran crítico de arte porque estudiaste en diversos países para inspirarte en muchos temas sobre todo en la danza clásica. Me Hablabas de escritores como Albert Camus que siempre albergaba un pensamiento filosófico- existencialista al igual que Jean Paul Sartre y sé que colaboraste con el Marqués de Cuevas en el tema de las danzas y los procesos coreográficos. Me acuerdo de esto y me quedo conmovida. ¿Qué iba a hacer una mujer tan joven, de escasos años con tanta información con este amigo? Una vez leí tu nota sobre la bailarina Cristina Gallegos, cuando ella bailó después de haber escuchado tu conferencia: “La relación de la Música con la danza, la poesía y la pintura”. Me sorprendiste cuando supe que ella se rompió varios huesos en un accidente y los médicos le habían informado que ya no podría ejercer la danza, pero lo hizo ese día”. Tu escrito según tus palabras de esa charla: “Las palabras pueden servir para rehabilitar a personas con enfermedades mentales o casos plenamente patológicos. Pero estas palabras que se digan a un enfermo deben tener aliento espiritual que ayude a acrecentar la voluntad de “ser” de cada paciente. Es necesario que el médico conozca la vocación de la persona, para hacer vibrar el estado decadente, la “hipoergia” y deje de sentir la soledad del tiempo “clínico” a que está sometido para que la palabra haga despertar la voluntad oculta de querer vivir”. (Año 1988, Excélsior.” Temas de Música y Ballet”. Por: Luis Bruno Ruiz) Tengo algunas columnas tuyas y notas de las que escribiste y eso me prende y está presente, es como acostada en el bosque con la mirada fija en el horizonte intenso, como un reflector, raudo. ¿Puedes concebir esto? Está bien. Adiós.
