David Rangel alias “El Dandy”
Por Eduardo Izar
Si José Rubén Romero viviera y hubiera conocido a David Rangel alias El Dandy, lo conocería y le encontraría un parecido con su personaje el Pito Pérez. Lo mismo le pasaría a José Joaquín Hernández Lizardi quien escribió el Periquillo Sarniento o quien escribió anónimamente al Lazarillo de Tormes o el que escribió el Diablo Cojuelo, Luis Vélez de Guevara. El Dandy era un periodista SINE QUA NON, especial, satírico, irónico, no ortodoxo, bufón, que vivía del sistema, conocía a sus jefes, directores de los periódicos, a los jefes de sus jefes, y los jefes de sus jefes, los gobernadores. Así me lo decía él: “Mire licenciado yo hago la nota, mi jefe el director lo consulta con su jefe, el Jefe de Jefes, él se lo consulta al gobernador que es el jefe de jefes de jefes y entonces se publica lo que ellos dicen y mi nota, me la quedo para platicarla en los cafés, ni yo, ni nadie es periodista, escribimos lo que ellos quieren y nada se publica si no les conviene, luego viene lo peor, te pagan mal, te dan credencial y quieren que la uses para el chayote, después se quejan de que somos corruptos, son como decía Sor Juana: “La razón de lo mismo que juzgáis”.
El Dandy era bajito, con el pelo desarreglado, decía que era capaz de jugar al ajedrez con diez adversarios al mismo tiempo y vencerlos. El Dandy transitaba por la Plaza, por el Palacio, los cafés; conocía a todos los políticos, sabía de política, entendía de ella, más que muchos funcionarios que llegan por amistad o recomendación. Era irónico, se burlaba de quienes pretendían ser estadistas y no tenían la estatura. El sentido del humor era su arma preferida y no se atrevían a declararle nada que los comprometiera, porque a él le pasaba lo que al director del periódico El Universal, al que un presidente le contó una confidencia y le recomendó “no le vayas a platicar al director del periódico”, le dijo y le contestó “te juro que no la publicaré” a lo que el presidente le dijo “publícala si quieres, pero no lo platiques, tú tienes más difusión que tu periódico”.
Así era David Rangel, difuso, profuso y confuso y digo confuso porque era desordenado, sabía mucho pero sólo decía lo que él quería que se supiera. Una vez le dije que había publicado una declaración que yo no le había dado y me dijo: “Yo sé cómo piensan, maestro”. En otra ocasión, llegó con Jacobo Payán a la Parroquia y le dijo: “que declara don Jacobo” y le contestó: “siéntate cabrón, tómate un café, desayuna y apaga la grabadora”. Esta bien, ya la apagué, ahora sí, voy a desayunar”. Una vez me dijo: “corrómpeme Maestro, no tengo luz, me la cortaron y tengo que prender el televisor para iluminar mi cuarto. ¿Cómo la prendes sino tienes luz?: “es cierto” me dijo, cómo me fui a equivocar”. Le gustaba la política y una vez se postuló para un cargo público. Su primer acto lo realizó en el panteón del Saucito, fue a pedirle a los muertos que no se levantaran para ir a votar por el PRI como frecuentemente lo hacían. El segundo acto fue una convocatoria a sus adversarios para un debate en el quiosco, puso dos pacas de alfalfa por si les daba hambre ¡ya que eran unos burros ¡El debate no se hizo por la ausencia de los debatientes! Ejemplar dejó constancia de sí mismo, así era David Rangel, un periodista de la historia de San Luis, que muchas vidas intrascendentes; pero presentes y más dignas de olvido que del recuerdo.
