LAS 3 CRISIS DE COLOMBIA
Según los datos «oficiales» del escrutinio nacional de las elecciones presidenciales de Colombia del 21 de junio de 2026, se tienen, no solo dos, sino tres resultados:
- Abelardo de la Espriella (defensores de la patria) 12.960.166 votos 49,65%
- Iván Cepeda (Pacto Histórico) 12.708.312 votos 48,71%
- Pero, hay también una cifra de abstención de alrededor 15,1 millones de personas, un 36,58% que no votaron, sobre el total de los 41 millones de colombianos habilitados para votar.
Cifra que, si bien es baja al compararla con las cifras de abstención anteriores, muestra sin embargo un bloque de personas alto, que por múltiples razones (conocidas algunas y desconocidas la mayoría) no se expresaron. Al compararlas con la de los votantes deja ver un bloque pasivo de abstencionistas equiparable a los otros dos bloques políticos que se expresaron mediante el voto y, como decía Gramsci, constituyen una fuerza pasiva de incalculable importancia que sirve de base al bloque ganador y que al no ser tenida en cuenta por los analistas de la izquierda marxista, se suma a los otros errores analíticos sobre la coyuntura actual que atraviesa la sociedad colombiana.
La sociedad colombiana, dada su singularidad histórica conflictiva, sufre con todos sus efectos deletéreos tres crisis superpuestas, una sobre otra:
La primera, como parte dependiente del sistema global del capitalismo imperialista impuesto, cuyos alcances no han sido vistos dado el provincialismo de los analistas cooptados de la «izquierda republicana» que ven solo el árbol y no la selva que les sirvió de escondite en sus años mozos. Colombia está inmersa en la crisis civilizatoria que se ha expandido por todo el orbe, en la forma de una transición de confrontación entre potencias atómicas imperialistas (poseedoras de un nunca visto complejo industrial-militar-financiero-tecnológico) por el reparto del mundo periférico, dando paso a una época histórica denominada transición del unilateralismo hacia el multilateralismo, que ya se vislumbra claramente en el panorama universal.
La segunda crisis, que la izquierda socialdemócrata colombiana no acepta dado el rechazo histórico que tiene a las tesis de la Filosofía de la Praxis sustentadas por el antifascista A. Gramsci, es otra crisis diferente pero sucedánea de la anterior: la crisis de la hegemonía del bloque de poder contrainsurgente (BPCi), sustentada hace 20 años por la socióloga Vilma L. Franco, en el cual el bloque de clases dominante y dirigente ha perdido la obediencia de los dominados, gobernados y clases subalternas, como lo muestra el bloque de abstencionistas y el bloque electoral del Pacto Histórico.
Y una tercera, la crisis orgánica, es decir, la histórica crisis interna del organismo llamado Colombia, que se viene arrastrando desde el 8 de abril de 1948, día de la ejecución del tribuno popular J. E. Gaitán; cuando Colombia se derrumbó y el Estado colapsó, dando origen a la sádica guerra civil bipartidista liberal-conservadora (1948-1957) con más de 300 mil degollados mal contados; al pacto bipersonal de Sitges 1957 Lleras-Laureano y al Estado plebiscitario tutelado por EEUU del estado de sitio permanente del Frente Nacional; al bombardeo a los 48 campesinos de Marquetalia en 1964, con el surgimiento de las primeras guerrillas insurgentes (ahora llamadas históricas) del ELN, EPL, etc.; y al llamado histórico conflicto social y armado, también llamado Conflicto Interno colombiano.
Esto dio paso también a los innumerables intentos propagandísticos y mediáticos frustrados (más de 12 procesos de paz) dirigidos por el bloque de clases construido en 1957 para resolverlo, con la torpe estrategia contrainsurgente del garrote y la zanahoria, que en lugar de solucionar el «impase» y dar a la sociedad colombiana un futuro pacífico, ha enquistado la situación conflictiva como un gigantesco forúnculo en expansión, lucrándose con su mutación y persistencia de innumerables grupos armados anti-Estado.
Lo que finalmente ha puesto en duda la capacidad «dirigente» del bloque de clases gobernante, dejando solo su perspectiva coercitiva del imperialismo tecno del «lawfare y warfare» contrainsurgentes neo fascistas mencionados.
Solo en la medida en que las fuerzas de la verdadera izquierda hagan el ejercicio colectivo de autocrítica y analicen críticamente la coyuntura y la estructura histórica de la lucha de clases en la actual Colombia, se podrá enfrentar el tecno-fascismo trumpista, que una vez tomado Venezuela, Perú y establecido el protectorado en Venezuela, pretende como un monstruo antediluviano engullir dentro de su «escudo de las Américas» al último reducto de dignidad y resistencia: el heroico pueblo cubano.
